Andorra: Economía Digital, Emprendimiento y la Innovación.

Hace ya once años que Andorra decidió hacer frente a crisis financieras y presiones internacionales, reestructurando todo su marco legal y homologándolo con Europa y el resto del mundo. Era adaptarse o quedarse atrás y la apuesta fue muy clara: reinventarse de arriba abajo e integrarse en un nuevo contexto internacional donde todo pasa muy deprisa. Abiertos a la inversión exterior, hemos podido observar los últimos años un trabajo bien hecho tanto a nivel público como privado a favor de la atracción de talento, una de las herramientas clave para subir al tren del progreso y garantizar la consolidación de nuestra economía de futuro. Los inicios no fueron nada fáciles, ya que los emprendedores que empezaban a llegar demandaban toda una serie de atenciones e infraestructuras hasta entonces inexistentes, como por ejemplo los primeros coworking y business centers, que eso sí, toparon con una legislación y una Administración que necesitaba una rápida evolución para estar a la altura. De aquí que los respectivos Gobiernos, conscientes de la necesidad y también de la oportunidad que representaba por el país, desde entonces hayan tratado de impulsar toda una serie de iniciativas encaminadas a atraer y a acoger talento, a propiciar una estrategia encaminada a la flexibilización de los esquemas tradicionales, a promover medidas a favor de la agilidad burocrática y sobre todo a crear el marco legal que dotara de consistencia a este nuevo clima emprendedor.

Y he aquí que al final, la obra magna de la presente legislatura ha visto la luz: La nueva Ley de economía digital, emprendimiento e innovación aprobada por el Consejo General el día 1 de diciembre del 2022 crea un majestuoso marco legal que si encuentra un desarrollo fáctico real, tiene que convertir Andorra en una referencia internacional similar, o mejor incluso, de aquellas otras jurisdicciones internacionales que se han hecho fuertes gracias a su apuesta por la innovación y el mundo digital, como por ejemplo Letonia, entre otros.

Con el emprendedor, el nómada digital, el investigador o el inventor como actores destacados, se regulan toda una serie de infraestructuras y facilidades que tienen que permitir desarrollar nuevos proyectos innovadores estratégicamente gestionados y financiados, y formando parte de un nuevo ecosistema que se tiene que ir desarrollando poco a poco.

Así, encontramos las zonas económicas especiales para generar condiciones favorables para la inversión nacional y extranjera en determinados sectores, con facilidades e incentivos para las empresas que se ubiquen y con un control por parte del Ministerio de Economía. Encontramos igualmente regulado el funcionamiento de incubadoras y aceleradoras de empresas, así como clústeres, públicos o privados, con una serie de ventajas para quienes se instale. Se regulan también los espacios compartidos dentro del ecosistema nómada digital de los colivings y coworkings, con diferentes modalidades y donde la flexibilidad es un elemento clave para facilitar su desarrollo, toda una revolución en la explotación de activos inmobiliarios, aunque con el antecedente de algunos centros pioneros al país que generaron conciencia de la necesidad. Todas estas infraestructuras evidentemente serán ocupadas por una serie de profesionales cual movilidad no hace que precisen espacios concretos donde residir y trabajar. Justamente por eso también se han tenido que crear las autorizaciones de trabajo sin residencia, los nómadas digitales, así como los visados para emprendedores, además de endurecerse las condiciones de la residencia por cuenta propia por aquellos otros casos no vinculados al mundo digital y la innovación, incrementando la fianza al AFA hasta 50.000.- €, cuando aquellos están exonerados.

La ley se completa, por un lado, con la creación de una nueva tipología de sociedad start-up con un registro y unos requisitos propios y con un seguido de ventajas, pero a la vez un control por parte de la autoridad gubernamental, y por otro lado, con la regulación de la financiación participativa y los laboratorios de innovación o líving labs.

Andorra se postula pues, como un nuevo ecosistema focalizado al acoger el talento y el emprendimiento, al propiciar un entorno favorable en la investigación y el desarrollo científico y tecnológico, pero a la vez alineándose con valores irrenunciables como la preservación del entorno natural, la eficiencia energética y la sostenibilidad.

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