Andorra: Inflación y tipos de interés

En el transcurso de los últimos dos años la economía mundial y la nuestra en particular han sido marcadas por los efectos de la pandemia que ha provocado primero, un descenso del PIB sin precedentes, y a posteriori, un incremento de los precios consecuencia de la parada de la producción y la reactivación de esta con repercusión en el precio de las materias primas y del transporte, entre otros. El reciente conflicto bélico entre Ucrania y Rusia ha acabado de completar el proceso inflacionista especialmente por el incremento de precio de los combustibles y de las commodities, cereales sobre todo, donde Ucrania es un productor destacado.

 

Así pues, ante un incremento incontrolado de precios y una inflación galopante, los reguladores financieros internacionales deben intervenir antes de que se entre en una “estanflación”, es decir, una inflación desproporcionada crónica, donde los precios suban sin control afectando a la economía de los estados, así como a la de los ciudadanos. Estos dias por ejemplo todo el mundo habla del precio de la gasolina.

 

Estados Unidos ha sido el primer país en reaccionar y recientemente ha incrementado el tipo de interés, como mecanismo adecuado para controlar la inflación, subiéndolos del 0’25% al 0’50% y la expectativa es que suban de aquí a que finalice el año hasta el 2%. Claro que las circunstancias de USA, similares a las del Reino Unido que ha adaptado una política monetaria en el mismo sentido, son de recuperación del PIB a niveles prepandemia, de un desempleo a la baja y un incremento de precios generalizado, cosa que hace que tomar esta medida sea lo más sensato.

 

Contrariamente, Europa aún tiene países que no se han recuperado de la pandemia y la inflación sobre todo afecta a determinados productos, no de forma generalizada, a demás de que los niveles de desempleo se mantienen elevados. De hecho, existen dos Europas, el norte, mucho más preparado para asumir una estrategia contundente para combatir la inflación, y el sur, donde las economías todavía permanecen debilitadas por los efectos postpandemia y donde los salarios no suben y el desempleo no baja a los niveles que serian deseables. En este contexto, el BCE es consciente de que deberá hacer equilibrios como siempre, pues tampoco se puede poner una venda en los ojos ante la inflación subyacente, y acabará seguramente tomando medidas e incrementando tipos en la segunda mitad del presente año 2022, ya que no se puede permitir una pérdida de valor frente al dólar, la moneda de referencia en el comercio internacional.

 

Andorra, incuestionablemente influida por las decisiones que se tomen respecto a nuestra moneda de referencia, el Euro, y condicionada por su enclave entre Francia y España, no tendrá más remedio que aceptar las decisiones que lleguen del BCE. En este sentido, una inflación demasiado fuerte y descompensada en relación con el incremento de los salarios, hace perder poder adquisitivo a los ciudadanos. De otro modo, el incremento de tipos hará que el coste de nuestras hipotecas también afecte a los bolsillos de unos y otros, a parte de reducir las posibilidades de endeudamiento de las empresas que no tendrán la misma liquidez para afrontar nuevas inversiones.

 

En el mercado inmobiliario, al subirse el tipo disminuirá la demanda local y probablemente estabilizará los precios de venta, pero si el mercado se estabiliza o baja esto afectará a las empresas constructoras que verán reducidos sus beneficios y no necesitarán tanto personal. Contrariamente, como siempre pasa, menos demanda de compra conllevará una mayor demanda de alquiler y veremos como ello influye en el precio, pues dependerá de si se añade más oferta al mercado o no, sea por iniciativa pública o proyectos privados.

 

En conclusión, nos acercamos a un cambio de tendencia en el tipo de interés del Euro, que desde el 2016 estaba inmóvil alrededor del 0% y que muy pronto empezará a subir, seguramente de forma tímida a la espera de que la inflación se controle. Entretanto, Andorra seguirá activa, esperemos, en la captación de inversión exterior, la única capaz de apaciguar los efectos que la subida de tipos puede tener en la economía de nuestro país, especialmente si somos capaces de atraer inversión de calidad y que contribuya a potenciar el consumo interno, a todos los niveles, la diversificación económica y los sectores tradicionales, especialmente el turismo.

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