Andorra: Lujo y excelencia

En este nuevo contexto internacional, claramente marcado por las reacciones individuales y colectivas de los Estados a los efectos del Covid-19, Andorra trata de enderezar su estrategia de desarrollo económico basándose en el «hecho diferencial» y las nuevas tendencias del mercado.

La apuesta por la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente en un entorno natural incomparable y con el aire más puro del sur de Europa, nos marca el camino que debe seguir la nueva estrategia promocional del país. Justamente, durante los tiempos de confinamiento, de recogimiento y de limitaciones de movilidad, los ciudadanos de Andorra han podido constatar ahora más que nunca la belleza y singularidad de nuestro territorio y casi sin querer se han convertido en aún mejores embajadores de lo que podíamos haber sido en épocas pretéritas.

Andorra se postula pues como el ecosistema perfecto para poner en valor la paz, la armonía, el equilibrio entre cuerpo, alma y mente, el mindfulness, y como consecuencia, se plantea la atracción de aquel turismo diferencial, que valora más que nunca una oferta basada en la excelencia del entorno y de los servicios que lo acompañan.

Justamente la nueva imagen que proyecta Andorra ha captado la atención de diferentes sectores, como el sanitario, el del deporte, el tecnológico y en el ámbito del turismo y del comercio, el del lujo. Este último, quizá el menos evidente a priori, parece haber también llegado para quedarse. De hecho, el nuevo fenómeno del lujo está provocando la aparición de nuevas iniciativas público-privadas encaminadas a potenciar una nueva oferta de productos y servicios de alta gama en combinación con las magníficas infraestructuras de nieve y montaña y que, en conjunto, pueden ayudar a hacer más visible que nunca de todo lo que es capaz este pequeño gran país.

Claro, apostar por el lujo y la excelencia representa afrontar un reto muy importante, especialmente por la necesidad de adaptar las instalaciones, las infraestructuras y el personal, a las exigencias de esta nueva oferta. La reflexión de empresarios y propietarios al respecto comienza a ser latente, así como una necesidad creciente de optimizar la formación de nuestros trabajadores para que puedan estar a la altura de lo que los nuevos consumidores exigirán, sin olvidar las mejoras en las comunicaciones por tierra y aire, tema que figura en todas las agendas de autoridades y agentes económicos.

Una oferta encaminada al lujo exigirá una fuerte inversión en nuevas instalaciones e infraestructuras, claro, y aquí la capacidad de seducción de los agentes económicos del país hacia los grandes grupos internacionales tendrá una importancia capital.

Sin embargo, la mayor y más motivadora oportunidad deriva del proceso de adaptación de nuestra gente en este gran cambio que poco a poco se va dibujando. La excelencia en el servicio exige la mejor formación y aquí hay mucho trabajo por hacer. Formadores y educadores a un lado, empresarios y trabajadores al otro. Un gran esfuerzo que conllevará un gran premio, la plena satisfacción de unos y otros, y sobre todo, la mejora del bienestar físico y emocional.

En definitiva, si de por sí disfrutar de Andorra es un «lujo» y si la apuesta por la excelencia culmina un proceso de mejora en beneficio de todos, sólo nos queda poner esfuerzo, constancia y un poco de imaginación, y claro, explicarlo bien en el mundo y pronto llegarán los resultados.

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